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Pese a que mucha gente lo desconozca, es posible que su escritura de préstamo hipotecario disponga de una cláusula suelo.

Pero, ¿cómo me afecta la existencia de una cláusula suelo? La respuesta es que una cláusula suelo afecta mucho al titular del préstamo hipotecario, máxime en una época en la que el EURIBOR está en unos valores muy bajos.

En primer lugar voy a explicar qué es una cláusula suelo. Una cláusula suelo es una estipulación que se incluye en un préstamo hipotecario y que establece un valor mínimo para los tipos de interés que tiene que pagar el prestatario. Por ejemplo, es habitual que esta clase de escrituras de préstamo hipotecario contengan una redacción como la siguiente: “No obstante todo lo anterior, el tipo de interés nominal anual resultante de la revisión que se aplicará al préstamo en ningún caso podrá ser inferior al 3%, ni superior al 19%” ¿Parece claro lo que indica el préstamo, verdad? Pues no es, ni mucho menos, tan claro como aparenta ser.

El problema viene porque, algunas páginas después, la escritura hipotecaria contiene otra previsión, la del índice de referencia al que se vinculará el tipo de interés del préstamo hipotecario. El índice de referencia, que suele ser el EURIBOR, es una cifra que servirá para determinar cuanto paga un consumidor por un préstamo hipotecario. Es decir, si un consumidor ha contratado un préstamo hipotecario a EURIBOR + 0,50, pagará la cifra a la que esté el EURIBOR en cada momento más un porcentaje del 0,50%.

La cuestión es que, en muchas ocasiones, resulta imposible para el consumidor abonar el tipo de interés pactado con su banco debido a la cláusula suelo. ¿Por qué motivo? Muy sencillo, porque aunque tu hayas pactado el pago de EURIBOR + 0,50 existe un límite del 3% que será el suelo del préstamo, por lo que todo lo que quede por debajo de esa cifra no será de aplicación para el consumidor.

Es decir, en un préstamo en el que su suelo fuera de un 3%, el consumidor no podría beneficiarse de el reducido valor al que está el EURIBOR en la actualidad.

El pasado día 9 de mayo de 2013, el pleno del Tribunal Supremo dictó una conocida sentencia por la que anulaba una serie de cláusulas suelo de distintas entidades financieras. Precisamente gracias a la indicada sentencia, un gran número de consumidores han podido ver cómo se anulaban sus cláusulas suelo.

Sin querer entrar a desgranar la anterior sentencia, sí me gustaría esbozar unas notas sobre qué requisitos deben concurrir para que se anule una cláusula suelo, puesto que la nulidad no es automática e incondicional:

1.- La cláusula debe ser clara, precisa y comprensible.

2.- El consumidor ha de tener un perfecto conocimiento de que se trata de un elemento esencial del contrato de préstamo hipotecario, recibiendo una correcta información previa sobre qué implicaciones conlleva su aceptación. ¿Cómo se consigue esto? Pues, por ejemplo, exponiendo diversas simulaciones sobre la evolución del EURIBOR y cómo afectarían las mismas al pago de su préstamo hipotecario. En síntesis, el consumidor debe saber que no va a beneficiarse de las bajadas del EURIBOR por debajo del suelo en ningún caso.

Lo que el Tribunal Supremo reprochó a esos bancos fue que no explicaran con la debida claridad que la presencia de una cláusula suelo suponía una garantía, sí, pero para ellos mismos, puesto que se garantizaban que siempre se les iba a abonar un tipo de interés fijo con independencia de lo que ocurriera con el EURIBOR. En cambio, el consumidor no tenía un interés fijo en el techo, sino variable, puesto que los valores que se ponían en los techos (12%-19%) jamás iban a ser alcanzados por los niveles en los que estaba el EURIBOR.

En todo caso, los niveles de éxito en las demandas que manejan las asociaciones que conozco rondan el 70%-80%

Si alguien estuviera interesado en recibir más información, puesto que no pretendo convertir los posts en disquisiciones excesivamente técnicas, puede escribirme a ptoran@mascalvet.com

Un saludo a todos y se agradecerán vuestros comentarios!!!