1.- Los abogados que nos dedicamos al penal conocemos que uno de los tipos más amplios y que admite mayores formas de comisión es el blanqueo de capitales, regulado en el artículo 301 del Código Penal. El hecho tipificado en el anterior precepto es el siguiente:

1. El que adquiera, posea, utilice, convierta, o transmita bienes,sabiendo que éstos tienen su origen en una actividad delictiva…

2.- Como vemos, existen multitud de comportamientos mediante los que puede consumarse el tipo penal en cuestión: “adquirir, poseer, utilizar, convertir, transmitir...”. Los otros dos requisitos son (i) que los bienes provengan de una actividad delictiva y (ii)  que el sujeto haya llevado a cabo la acción “conociendo” el origen ilícito del bien en cuestión.  Empleando, quizás, una rápida definición del tipo penal para diferenciarlo de otras modalidades delictivas similares como la receptación (artículo 298 CP) o el encubrimiento (451 CP), podría decirse que el blanqueo consiste en una actividad que busca reintegrar dentro de la legalidad un bien que se ha obtenido fuera de ella, mediante la comisión de un delito.

3.- La mera lectura del tipo penal en cuestión nos indica la necesidad de que el sujeto activo del delito “sepa”, “conozca”, el origen ilícito de los bienes que adquiere, utiliza o posee. Sin embargo, ¿qué intensidad debe revestir ese conocimiento para integrarse dentro del tipo penal? Esta cuestión, que ha sido altamente tratada por nuestra jurisprudencia, es analizada a la perfección en la Sentencia 487/2014, de 9 de junio de 2014, de la Sala Segunda del Tribunal Supremo. En ella, al igual que en muchas otras, resulta de aplicación la denominada como “doctrina de la ignorancia deliberada“.

4.- En la antedicha Sentencia, la representación procesal de una de las acusadas aseveraba que “no concurría el elemento del dolo” previsto en el artículo 301 porque su cliente no conocía, al tiempo de llevarse a efecto los hechos, que el dinero que ella utilizaba procedía de actividades delictivas desarrolladas por su marido. El Tribunal Supremo, por su parte, puso de manifiesto que existían numerosos indicios (información en los medios de comunicación sobre posibles actividades de su cónyuge, incoación de procedimientos penales contra él por posibles delitos urbanísticos y de corrupción…) que, unidos a la existencia de maletines con dinero efectivo en la vivienda, provocaban que necesariamente esa persona tuviese conocimiento del origen delictivo del dinero.

5.- Pero volvamos al inicio de la cuestión. ¿Cómo de intenso ha de ser ese “saber”, ese “conocimiento”, para poder subsumirlo dentro del elemento subjetivo del dolo necesario para la concurrencia de este tipo penal? Así se pronuncia la anterior Sentencia:

“El referente legal lo constituye la expresión “sabiendo”, que en el lenguaje normal equivale a tener conciencia o estar informado.No implica, pues, saber (en sentido fuerte) como el que podría derivarse de la observación científica de un fenómeno, o de la implicación directa, en calidad de protagonista, en alguna conducta; sino conocimiento práctico, del que se tiene por razón de experiencia y que permite representarse algo como lo más probable en la situación dada. Es el que, normalmente, en las relaciones de la vida diaria permite a un sujeto discriminar, establecer diferencias, orientar su comportamiento, saber a qué atenerse respecto de alguien (STS. 2545/2001, de 4-1-2002).

(…) basta con la conciencia de la anormalidad de la operación a realizar y la razonable inferencia de que procede de un delito grave (ahora ya de cualquiera, aunque no sea grave), por ejemplo por su cuantía, medidas de protección, contraprestación ofrecida, etc. Así, la STS 1637/2000, de 10 de enero, destaca que el único dolo exigible al autor y que debe objetivar la Sala sentenciadora es precisamente la existencia de datos o indicios bastantes para poder afirmar el conocimiento de la procedencia de los bienes de un delito grave (STS 2410/2001, de 18-12), o del tráfico de drogas, cuando se aplique el subtipo agravado previsto en el art. 301.1, habiéndose admitido el dolo eventual como forma de culpabilidad (SSTS. 1070/2003, de 22-7; y 2545/2001, de 4-1- 2002).

6.- Como hemos visto, el Alto Tribunal admite expresamente el dolo eventual (forma más débil del dolo, referida a aquel sujeto que conoce la posibilidad de que tenga lugar un resultado dañoso y, pese a ello, sigue adelante con su acción) como forma de culpabilidad y, sobretodo, alude a la necesidad de que un sujeto deduzca, a tenor de las circunstancias, si los bienes que utilizó o adquirió tenían un origen delictivo.

7.- El Alto Tribunal ha aplicado la antedicha doctrina en muchas otras resoluciones. Por citar una que la enuncia con suma claridad, la Sentencia nº 1310/2011, de la Sala Segunda de lo Penal, de fecha 12 de diciembre de 2011, deduce el conocimiento del origen ilícito del dinero en atención a “la intimidad que implica los lazos familiares” que unía a los acusados. En cuanto al “conocimiento” del origen ilícito, al elemento subjetivo del dolo, el Alto Tribunal dispone lo siguiente:

“Se trata de un elemento anímico que por su naturaleza intelectual no puede ser acreditado por prueba directa, sino circunstancial o indiciaria. En el presente caso, los mismos elementos indiciarios anteriormente consignados acreditan suficientemente la concurrencia de ese componente subjetivo del delito respecto de los tres acusados: el incuestionable conocimiento de seis condenas a Remedios por otros tantos delitos de tráfico de drogas, tanto por ésta como por su hija María Luisa y el marido de ésta, en una actividad delictiva que proporciona pingües beneficios; la inexistencia de fuentes lícitas de las que pudieran proceder tan elevadas sumas de dinero; la utilización de menores como titulares de las cuentas corrientes donde se ingresaban esas sumas y las inexplicables y continuas operaciones de transferencias entre unas y otras cuentas ejecutadas por personas que no tenían actividad laboral conocida y acreditada.
Todos estos elementos indiciarios son los que valora el Tribunal para llegar al racional convencimiento de que los acusados actuaban con la consciencia de la ilícita procedencia del dinero.
En todo caso, de lo que se trata es de determinar la concurrencia del dolo en las actividades desarrolladas por los acusados en relación con ese elemento del tipo delictivo y, a tenor de lo expuesto, no cabe dudar de que actuaron con dolo directo, pero en todo caso, con dolo eventual de quien se pone en ignorancia deliberada en situaciones de circunstancias que sustentan vehementes y solidísimas presunciones decidiendo no querer saber aquéllo que puede y debe conocerse”

8.- Por tanto, al valorar si una persona “sabía” o no que el dinero que llegaba a su casa provenía de un origen ilícito, el Tribunal hará un análisis de si ese sujeto debería haberlo sospechado aplicando, en resumidas cuentas, el sentido común. Si alguien está casado con un concejal de urbanismo y empiezan a aparecer sobres con dinero dentro de las enciclopedias, lo lógico sería sospechar acerca del posible origen ilícito del dinero. Por el contrario, si el marido es un empresario que hace negocios ilícitos a espaldas de su mujer y le da dinero en efectivo para los gastos familiares, no parece razonable deducir que esa persona deba conocer que su marido obtiene ese dinero de una actividad delictiva.

9.- Por último, no quisiera pasar por alto que el delito de blanqueo de capitales admite una modalidad de comisión por imprudencia grave (302.3 CP), algo que debe tenerse en cuenta a la hora de confeccionar un plan de prevención de riesgos penales empresarial. Es más, el Real Decreto 304/2014, de 5 de mayo, por el que se aprueba el Reglamento de la Ley 10/2010 de abril, de prevención de blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo, obliga en su artículo 39 a impartir una formación obligatoria anual a los sujetos obligados, incluyéndose dentro de esta obligación de la formar específicamente a los directivos, empleados y agentes del sujeto obligado.